Podemos planear ciudades, proyectar edificios y construir de nuevas maneras

Rim Safar Sakkal *

Este 2020 festejamos 195 años de la independencia de nuestra querida patria Bolivia, en un aislamiento social, cuarentena o confinamiento; obligados a quedarnos en casa inmersos en un caleidoscopio de información con más incertidumbres que certezas, ante/frente una encrucijada dificilísima que presenta, a primera vista, a dos vectores entrelazados de forma antagónica: salud y economía (se lee y se escucha recurrentemente que la pandemia dejará más pobreza que muerte, o más muerte por pobreza que por el coronavirus, inclusive). En un plano más profundo se advierte con relativa claridad que estamos frente a un ajuste de nosotros mismos con el medioambiente, con la naturaleza, un ajuste de la vida con nuestra forma de vida; ese inminente ajuste en tanto movimiento, implicará un inmenso aprendizaje esperanzador para el ser humano…con toda seguridad.

En todo este panorama encuentro tres perspectivas que generan algunas preguntas desde la Arquitectura.

Vivienda y ciudad

El actual aislamiento social obligado exhibe notablemente la imprescindible relación entre la vivienda y la ciudad. No se puede comprender la una sin la otra. Si pensamos en una casa aislada, periférica a cualquier población, ya nos cuesta trabajo imaginarla sin wifi o sin espacios planificados y consolidados sin servicios de abastecimiento, de salud entre los más importantes.

Ya no podemos pensar en diseñar o construir apartamentos, de alrededor de 90 o 100 metros cuadrados con dos o hasta tres dormitorios, sin una ciudad que los arrope con un jardín, un parque, o una planta baja comercial, mejor aún un barrio, o sin un balcón o terraza que conecte decorosamente con el exterior dándole un respiro al interior.

Lo cierto es que el filtro de distorsión de la pandemia provoca la mutación de la vivienda en tanto refugio, a un encierro. Si a esto agregamos la convicción de que el ser humano está diseñado para caminar y para socializar, se comprueba la distorsión en su máxima expresión. En ese sentido, así como un reglamento de construcción se modifica después de un terremoto, por ejemplo, este pudiera ser un buen momento para repensar el modelo de vivienda en cuanto a nuevas posibilidades de formas de vida.

Los vídeos de los italianos o los españoles cantando desde sus balcones repletos de personas son un ejemplo del re pensamiento y/o aprendizaje de una gran lección, por ejemplo, el “balcón” como signo de solidaridad y la esperanza en el ser humano.

Construcciones y la práctica profesional

Al mismo tiempo que iniciaba el aislamiento social en el pasado mes de marzo, los arquitectos con obra en proceso nos preguntábamos qué hacer. ¿Qué pasará con los albañiles, contratistas o proveedores en el caso de una suspensión generalizada de las construcciones por aislamiento social o cuarentena? Así, la primera señal de que en nuestro país estará más difícil enfrentar al virus, demasiada población que vive del día a día, o a la semana como los albañiles, o al mes; demasiada economía informal, demasiada gente que no puede dejar de trabajar dos días porque se le viene abajo todo, demasiada desinformación, o autoridades que no tienen ningún plan de emergencia para una situación como esta… simplemente porque nunca se la esperaba.

Entre los profesionales del área coincidimos en que no había más opción que seguir adelante, y tratar de mitigar en la medida de lo posible el latente contagio; además del nerviosismo de nuestros clientes, es muy preocupante el tema de la movilidad de la gente a las obras en transporte público.

El trabajo de oficina puede ser en línea temporalmente, pero el trabajo de campo no, en tanto no construyamos con robots. Pero algo importante que puede surgir con esta pandemia es la utilización del sistema BIM, que todavía no ha sido explorado en nuestro país. La arquitectura con mayúsculas siempre ha incorporado nuevas tecnologías y así en la actualidad, sobre todo con el manejo de información y de datos, podemos planear ciudades, proyectar edificios y construirlos de nuevas maneras.

En estas condiciones y en este contexto, ¿cómo podemos convertir en algo bueno todo lo que está sucediendo? Es una tarea que tenemos que resolver rápidamente.

Enseñanza de la arquitectura

Esto es un tema de bastante conflicto, ya que muchas universidades van a ver disminuidas sus matrículas por la falta de recursos económicos. Pero a pesar de ello, hemos migrado a las clases en línea o a distancia arrinconados por el coronavirus. Es innegable que la contingencia nos obligó a avanzar muchísimo en algo que parecía todavía lejano -particularmente en las clases de proyectos de todos los niveles-, y en este ámbito estamos aprendiendo a gran velocidad el manejo de diversas plataformas, e inclusive descubriendo nuevas herramientas pedagógicas. Esto ha sido uno de los más grandes desafíos de la pandemia para los docentes de arquitectura.

Lo que es cierto es que cuando regresemos a los talleres, valoraremos más que nunca las revisiones presenciales en papel, el lápiz, la pluma, el plumón o la tinta, al igual que salir a caminar o tomar café en un nuevo clima de reconciliación con la naturaleza.

Los exhorto queridos colegas a no desmayar y seguir aprendiendo de las flaquezas y las contingencias que se nos presentan. Sigamos con ese ahínco y amor a nuestra profesión y tratemos de ser más creativos para que juntos con la sociedad salgamos adelante.

FacebookTwitterWhatsAppFacebook MessengerEmailShare

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *