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Restauración cinco estrellas para una casa de tres rosas

Durante el proceso de decapado descubrieron el relieve y la forma de tres rosas en la parte superior de cada uno de los capiteles. Por ello, se convino entre el equipo de profesionales encargados de la restauración y los copropietarios denominar a este inmueble ubicado en el centro histórico de la ciudad de La Paz como la Casa de las tres rosas. Todo el frente de este lugar fue recuperado en dos meses a finales de 2020 gracias al concurso de arquitectos restauradores, albañiles, carpinteros, un electricista y el apoyo económico de un fondo municipal.

Se trata de una edificación con valor patrimonial categoría “B”. Su fachada hoy luce azul, un color que, según los arquitectos especialistas es muy similar al original azul añil que se usó hace más de dos siglos. Se calcula que tiene doscientos cuarenta y un años; se le asigna como fecha estimada de construcción el año de 1780. Es decir, esta casa es más antigua que Bolivia. Está en la calle Sagárnaga entre Illampu y Linares, tres cuadras arriba del Templo de San Francisco.

“Una persona no puede pensar en el futuro si no tiene conocimiento de su pasado. El hacer la recuperación de estos elementos tiene muchas connotaciones culturales, pero también psicológicas. Cuando tú ves un bien patrimonial en mal estado incentivas al vandalismo y a su deterioro. Culturalmente recuperas espacios que estaban perdidos”.

Así, Lourdes Camacho Palomeque ejemplifica lo que significó para ella liderar este proyecto en la Casa de las tres rosas. Ella es arquitecta restauradora y presidenta de la Sociedad de Estudios de Patrimonio Cultural (Sepac) del Colegio Departamental de Arquitectos de La Paz (Cdalp).

En dos visitas al lugar explicó a CIMIENTOS, en compañía del arquitecto Luis Caviña, la importancia de este tipo de trabajos. Camacho recuerda que fue en 2020 cuando una de las copropietarias de este sitio, Claudia Morales Herrera, se enteró de que su equipo estaba trabajando en la restauración de una casa patrimonial justo en la calle paralela, la Santa Cruz esquina Melchor Jiménez.

Morales solicitó una evaluación para ver si su propiedad calificaba; “la fachada estaba deplorable, el entretecho se estaba cayendo”, dice a CIMIENTOS. Camacho con su equipo se encargó de postular el proyecto de restauración al Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes (Focuart). Al final, el proyecto obtuvo los recursos y la luz verde de la alcaldía para emprender con la recuperación.

Para la restauración estructural y estética de la fachada de la Casa de las tres rosas la alcaldía, mediante el Focuart, destinó 55 mil bolivianos informó a CIMIENTOS la arquitecta Claudia Campuzano, en ese entonces responsable de la supervisión y seguimiento de esta obra por parte de la municipalidad. Los restantes 23.571 bolivianos los dieron los copropietarios como contraparte. “La Dirección de Patrimonio Cultural ya contaba con un proyecto de Recuperación de la Imagen Urbana Patrimonial en esta área”, comenta la exfuncionaria.

Restauración patrimonial

Para Campuzano, el patrimonio cultural material es un testimonio tangible y objetivo de un determinado período de nuestra historia como civilizaciones. “Nos permite reconstruir y entender nuestro pasado y a partir de esta conciencia tomar decisiones para la construcción del futuro”. Y reflexiona sobre la época en la que vivimos donde casi todo es desechable y de pobre calidad y en la que afrontamos las consecuencias del cambio climático por el uso indiscriminado de recursos. En este escenario, propone, reciclar y reutilizar ya no es una opción sino una obligación.

Sobre la restauración en el caso concreto de la arquitectura dice que “nos permite conocer modos de vida, la evolución de nuestros espacios y las formas de habitarlos, el cambio en los valores estéticos de las sociedades, saberes tradicionales, técnicas y tecnología”.

A picar, estudiar y redescubrir

  • Antes de iniciar los trabajos en este inmueble, al estar alquilados sus espacios exteriores, era evidente la disparidad en cuanto a colores y texturas pudiendo encontrar una puerta verde y un gran fragmento anaranjado de pared en medio de la deteriorada pintura blanca-beige además de abundante publicidad gráfica. El deterioro en todas las áreas era notorio.
  • Como una técnica para acercarse al color original, de hace más de dos siglos, los miembros del equipo accedieron a un pedazo de la pared, de unos 45 centímetros, ubicado en la parte alta de la fachada cubierta por el techo. El criterio fue que en esa ubicación la exposición a la mano humana fue mucho menor que en otras áreas del frontis.
  • De esa manera, luego de aplicar técnicas de decapado y de hacer analizar las muestras en laboratorio, concluyeron que el color más próximo al inicial era el azul. Llegaron a esta conclusión tras descubrir hasta cuatro capas de colores (con tonalidades de azul, tumbo, rosa y blanco) que se aplicaron en esta casa a lo largo de décadas y siglos.
  • En las puertas identificaron hasta siete colores distintos (verde, gris, café, guindo entre los destacados), incluyendo restos de pintura al agua y al aceite. En las partes dañadas de las puertas se consiguió el mismo material de madera para su refacción símil al original.
  • El arquitecto Luis Caviña trabajó con los obreros en el calado estratigráfico de la parte inferior de la fachada, en el zócalo. Cuando se inició el proyecto toda el área estaba cubierta con cemento. Al final, y esto está visible para cualquier peatón, se limpió toda esa franja horizontal y se dejó al descubierto la estructura de piedra de río, piedra picada más fina y ladrillos horizontales y verticales para semicarga. En total se muestran tres etapas: colonia, etapa moderna republicana y de la intervención de 2020 con piedras más pequeñas.
  • Se removieron cables en desuso. Se colocó tuberías de cableado para telecomunicaciones y electricidad y así limpiar la imagen antes atiborrada.
  • Durante la limpieza de las pilastras de estilo Corintio con capiteles con hojas de acanto, explica Camacho, se encontró una formación redonda sucia en cada capitel. Durante el proceso de decapado mecánico —y también con gel químico y ecológico— descubrieron que se trataba de tres rosas talladas, una distinta de la otra.

¿Qué es el valor patrimonial categoría “B”?

Según la Alcaldía paceña la categoría B “se refiere a Inmuebles Patrimoniales de cualquier corriente estilística que representan la evolución histórica, constructiva-arquitectónica y de la conformación de la imagen urbana del municipio de La Paz y pueden admitir intervenciones físicas dirigidas al mejor aprovechamiento del área construida, a ser preservada y conservada del patrimonio”.

Miembros del equipo restaurador

Trabajaron en esta obra ocho albañiles, tres carpinteros, un electricista, dos pasantes, tres arquitectos supervisores y dos fiscales de obra. El equipo se denominó Tesela Restauro y contó con la participación de los arquitectos Lourdes Camacho, Vania Monasterios, Luis Caviña, Gimena Vallejos y Lucía Durán, estas dos últimas como pasantes.

Ubicación

Según los mapas del siglo XVIII —de 1781 y 1796— consultados para esta nota la ahora denominada Casa de las tres rosas (hoy sobre la calle Sagárnaga llegando a la Illampu) estaba en ese entonces justo en uno de los límites superiores de la ciudad de La Paz, en la parte denominada rural o indígena. Según una publicación de la Agencia Municipal de Noticias del 10 de julio de 2020, el tramo que va desde la iglesia de San Francisco hasta la Illampu era conocido antes que Sagárnaga como la vía del Tambo de las Harinas “porque existían tambos de harinas y de las cochabambinas que lo comercializaban. El nombre permaneció así hasta inicios del siglo XX”.

Esta zona estaba separada del centro y las zonas principales por el río Choqueyapu que recién fue embovedado en el siglo XX. Lo cierto es que de ser considerada una zona periférica con el tiempo el lugar se convirtió en parte del centro citadino. Hoy en día la calle Sagárnaga es quizás el lugar turístico más frecuentado por visitantes nacionales y extranjeros.

Dos nombres

La Casa de las tres rosas también se llama Casa Herrera. Ambas denominaciones fueron consensuadas durante y después de la intervención de la restauración de 2020. Luis Alberto Beltrán Herrera y Claudia Susana Morales Herrera, familiares por el lado materno y copropietarios, aceptaron el nombre de Casa Herrera para conservar esa imagen familiar.

¿Nuevo Focuart?

Contactado por este medio, el actual jefe de Unidad de Patrimonio Cultural de la Alcaldía paceña, Jorge Torrico Sejas, expresó: “Sí, se está pensando en realizarlo nuevamente, de hecho vamos a ejecutarlo, pero sí estamos esperando todavía que se haga una ingeniería económica. Pese a los problemas económicos heredados por la anterior gestión se están haciendo los esfuerzos para que este año el Focuart sí o sí se realice”.